"Blanco como los Alpes, rojo como los volcanes y verde como las llanuras de la Lombardía…" Francesco Dall'Ongaro.
A mediados del siglo XIX, Italia no era una República como la conocemos en la actualidad, ya que se encontraba dividida y bajo la dominación extranjera: al norte bajo el dominio austríaco, en el centro los territorios de los Estados Pontificios, y en el sur los reyes de la casa española de los Borbones. Es decir, era sólo una realidad geográfica, una península.
Sucesos como la Revolución francesa y las campañas de Napoleón en el siglo dieciocho, despertaron en los italianos el sueño por lograr la unidad nacional y soberana. De este modo, hacia 1820, comenzó a generarse un movimiento independentista conocido como "Il Risorgimento", con cuatro figuras claves: Giuseppe Mazzini, Giuseppe Garibaldi, Camillo Benso Conde di Cavour y Vittorio Emanuele Secondo.
El "Reino de Italia" fué el nombre asumido el 17 de marzo de 1861 surgido tras la unificación nacional Italiana, liderada por Vittorio Emanuele Secondo, que se coronó rey de Italia.
Es importante destacar, también, la presencia de los italianos en el exterior, ya que en 1856 llegó a Bahía Blanca la "Legione Agricola Militare". La misma, preparaba el núcleo de una fuerza militar para concurrir a Italia con una flotilla de naves desde el puerto bahiense y sumarse a la lucha por la independencia.
Tras un largo proceso de lucha y la labor heroica de los patriotas, es en 1870 que se produce la integración de Roma al "Regno d'Italia". Recién el 2 de junio de 1946 Italia se convirtió en una República. La Constitución, el himno y la bandera italiana, son también el reflejo del camino y la historia iniciada en esa lejana fecha.
Profundizar en el pasado es fundamental para comprender nuestro presente y mejorar nuestro futuro. Es por ello, que el 17 de marzo de 1861 representa, no sólo la adquisición de un largo proceso de la unificación italiana, sino el comienzo de una historia en común.